sábado, 4 de junio de 2011

No podía dormir, la madrugada del sábado pasado. Ella sí; no me quedó otra que ponerme a pensar.
Y descubrí una cosa seguramente descubierta:

El área de un círculo es π/4 el área del cuadrado que lo circunscribe.
Así de sencillo, je.
Llamaré a esa relación, π/4 = ξ (pronúnciese Xi). χ (Chi) me gusta más pero se parece mucho a una x.

Analizaré las implicancias más luego, ya que hoy sí me da sueño.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

La frase más estúpida de la historia

Desde que siendo niño leí la contatapa de la caja del video cassette de Top Gun supe cuál era la frase más estúpida jamás pronunciada, y que sería muy difícil superarla. Hoy, décadas más tarde, y habiendo soportado muchos dignos intentos desafiantes al título, recuerdo con tanto asombro aquella afirmación vacía de toda lógica que me pregunto si sería cierta, si alguien se lo habría dicho al nabo de Tom Cruise en la cara, si no sería una bizarra jugada del all-american marketing, si fue por haber escuchado esto que Tom Cruise se hizo nabo, o directamente si yo no habré tenido un mal sueño que me dejó grabada la referida declaración, aunque nunca más la volví a ver. Con la supuesta autoría del jefe de la base aérea de Miramar (California) donde se desarrollaba el programa Top Gun, rezaba el cartón impreso de la caja: “Sólo hay tres profesiones dignas de un hombre: actor, piloto de un jet de combate y Presidente de los Estados Unidos”.
¡¡Fly Forrest, fly!!

viernes, 23 de julio de 2010

Prueba de procrastinación

¡Excelente test de procrastinación!, ¿Cuán procrastinador soy?, ¡Cómo me gusta el verbo procrastinar!. Como ando con ganas de comparar el dios de Saramago con el de Nieztche pero me cuesta hacerme el tiempo y sentarme con la debida dedicación, voy a aprovechar para medir mi capacidad para postergar. Hoy es 24 de Julio, veremos cuánto tiempo tardo en realizar esto; si nunca sucede imaginen que me sorprendió una muerte temprana, pero sospechen de que me quedo mirando tele hasta demasiado tarde.

Me cepillo mientras.

La repetición de las experiencias nos convencen de su validez. Últimamente mi dentista me ha dicho que tengo que optimizar mis hábitos dentales, es decir, prolongar el tiempo de cuidado que le dedico al comedor por sobre el que le dedico a otras estancias de mi querido cuerpo, por caso el playroom situado unos pisos por debajo(je, je, playroom, ¿la cazaron?). Por si mismo esto no significaría mucho para mí, tal vez nada, pero resulta que varios amigos han sido advertidos por sus respectivos odontólogos de similar situación, hasta el caso de pronosticar la pérdida absoluta de las piezas dentales de uno de ellos en una suerte de pedido de convocatoria dentaria. Así es que me vi internamente compelido a tomar acción en este sitio al que las caries deben estar sometiendo a mis muelas y amplié el tiempo de cepillado nocturno; mi after dinner. Como no es agradable estar varios minutos mirándome mientras lo hago, (pregúntenle a mi botiquín espejado ó a Cameron Díaz; obtendrán similar repuesta) opté por llevarme la tarea a la cama y cepillarme mientras hago la previa al sueño: un par de páginas de lectura, un par de noticias en la tele, un par de recuerdos felices, un par de arrepentimientos. Ahora que lo pienso esta entrada merecería sponsors entre los fabricantes de cepillos, dentífricos, enjuagues y palillos.

lunes, 21 de junio de 2010

Sobre gustos...

Pocas máximas tan erradas como “ Sobre gustos no hay nada escrito”. Hay mucho, muchísimo escrito sobre gustos, de todos los tipos y colores. Cataratas de páginas elucubran sobre moda y tendencias, lo que está “in” o “out”, sobre lo que se debe o no usar, hacer y pensar.
Usted, inteligentemente, pensará -“Pero ese dicho no se refiere a lo que está escrito sobre gustos, sino a que, en materia de lo que a una persona puede o no gustarle, no existe ley que mande o prohíba, no existe regulación de lo que puede gustar más allá de que las costumbres y moral vigentes en el lugar dónde reside el sujeto en cuestión le permitan, o no, satisfacer ese gusto” –
Pero esto tampoco es tan así. Los diseñadores de nuestros gustos no somos sólo nosotros, de hecho muy poco nosotros. Miles de personas eligen a diario lo que la cultura transmite como opciones para nuestra elección, desde la estética de nuestro mundo hasta las estructuras sociales que nos rigen. Dentro de esta variedad limitada de opciones nosotros gustamos más o menos de unas y otras cosas. Entonces, a lo largo del desarrollo de la humanidad, existe cada vez un mayor estudio de lo que debe ofrecerse en materia de gustos (cataratas de opinión escritas) y una retroalimentación de lo que gusta para la generación de los nuevos gustos y, consecuentemente, de un círculo artificial en franca consolidación. Pero de vez en cuando alguien se sale de esta matriz y rompe con lo escrito en materia de gustos y diseña algo que al mirarlo nos hace decir, -“Y, sobre gustos…”- Cuando esto sucede es un error suponer casualidad una cualidad de diferenciación, que no muestra anclaje con nada de lo establecido, con nada de lo que mayoritariamente gusta. En general es mucho más difícil lograr este rompimiento, este desacuerdo coherente y voluntario que proponga un criterio nuevo, que lograr aceptación conforme con los gustos convenidos.
Y si no es por este afán de trascender esta estructura de convención sobre la que hay mucho escrito, no se entiende que el Chevrolet Agile sea tan, pero tan, feo.